LA PRIMERA ESTACION

ESCRIBIR PARA SER ESCLAVOS, LEER PARA SER LIBRES...

20.2.15

ORIENTACIÓN VOCACIONAL


I
Era la primavera del año 1997, cursaba cuarto año de secundaria, cuando nos llegó la invitación de una empresa privada que organizaba unas charlas de orientación vocacional. Antes de saber qué diablos quería decir orientación vocacional ya estábamos celebrando porque lo que fuera, significaba que no tendríamos un día de clases y eso era en realidad lo único importante para nosotros.
El día asignado para nuestra aula fue el miércoles de aquella larga semana, en el colegio cada año tenía – y seguramente hasta hoy - un aproximado de 17 secciones, la mía era la LL. 4to LL. LL de llama.
Ese miércoles después de una larga espera, enrumbamos por fin al campus de la universidad donde se llevaría a cabo el evento. Acompañados por un auxiliar, por cierto tan poco diligente, que del rebaño de 30 que salimos del colegio, solo llegamos al lugar como 15 ovejas.

- ¡Si serás huevón Quiroga! - de todas maneras se debió escuchar al día siguiente en la sala de O.B.E.

Ya dentro de la ciudad universitaria, nos buscamos el rumbo por cuenta propia, de los 15 que entramos, tal vez 5 o 6 hicimos fila para ingresar a los salones, los demás se dispersaron, algunos buscando chicas de otros colegios, otros simplemente se sentaron a retozar bajo las frondosas copas de las acacias. En el colegio también teníamos acacias, pero allí era imposible sentarse porque fungían de letrinas durante los recreos.
Ordenados en fila, fuimos avanzando de acuerdo a la profesión elegida, fue entonces cuando llamó mi atención la encargada del área a la que iba, era una muchacha muy bonita, de unos 20 años quizá, ella también me miró con cierta atención. Y me sonrió. Intercambiamos algunas palabras, o más bien, ella hablaba y yo apreciaba su sonrisa cálida y la simetría fibonacciana de su rostro.
Durante la charla solo sentía el abrumador deseo de volver a mirarla, no presté atención a las explicaciones de los especialistas (En el candor de la adolescencia cualquier caso de este tipo te empuja a pensar que podría tratarse de la historia de tu vida) Quería que acabara ya para salir a verla, porque ella también me miraba, y al parecer no le importaba que llevara uniforme, le murmuraba cosas a sus amigas, todas me miraban y sonreían, bien pudieron estar diciendo: - ¡Oye que mirón es ese mocoso! – o – ¿has visto a ese serranito igualado? – Pero me gustaba, incluso si esas hubieran sido las razones. Porque hay mujeres que tienen la maravillosa cualidad de seguir pareciendo hermosas incluso en la estupidez.  
Me fui alejando del salón,  volteando a mirarla por ratos y antes de perderme definitivamente entre la multitud que salía, lancé una amenaza cargada de convicción:

- ¡Pero mañana voy a volver! –
Esbozó una sonrisa que fue lo último que pude ver. Confirmandolo, era bella.


II
Era la primavera del año 1997, cursaba cuarto año de secundaria, cuando nos llegó la invitación de una empresa privada que organizaba unas charlas de orientación vocacional.  Ahora que ya sabíamos de qué se trataba la orientación vocacional, volvimos a celebrar pues por una confusión de quien sabe quién, nuevamente nos sacaron del aula para llevarnos a las charlas. Salimos mudos para no levantar sospechas, felices, cada quien por sus propios motivos, yo porque cumpliría la primera promesa seria de mi vida.
En cuanto llegamos, la escena del día anterior se repitió, antes de entrar ya se había hecho humo la mitad del salón.

- ¡Anicama, es usted tan huevón como Quiroga. Deben ser primos!. – Seguro se oyó al día siguiente en la sala de O.B.E

Entré casi a empellones, quería alinearme donde estuviera ella, ahora contaba con la complicidad de mi buen amigo el chino Segura, que ya estaba enterado de mis afanes, así que pronto, emulando el ingreso de los grandes personajes del cine pero en versión andina, estuve ante ella, saludándola efusivo, como si me hubiera pedido que volviera, como si hubiéramos pactado un reencuentro. Como si tantas cosas, que sin embargo ella correspondió con un simple pero cortés – hola -.

- ¡Te dije que volvería!
- Ya veo.
- Es que soy un hombre de palabra.

Echó una carcajada que bien pudo referirse a eso de “hombre” o a la cara que traía cada vez que estaba frente a ella.

- ¿Y ahora a que facultad entraras? no creo que quieras estar en esta fila –
- ¿Por qué?
- ¿Porque es para enfermería, te interesa esa carrera?
- Eh, bueno entraré un rato, después me salgo
- Ja, eso no se puede hacer
- Ya veremos

El aula estaba poblada de chicas, éramos apenas 2 o tres varones, lo cual se hizo más notorio por las bromas disparadas desde distintos puntos. Pero ella que entonces estaba parada en la puerta, sabía lo que hacía ahí  y eso era lo único que me importaba, aunque servía de poco porque apenas podíamos hablar. Acaso entonces el solo verla ya era suficiente premio.
Al final las medidas para retirarnos fueron las mismas del día anterior, hacer fila, no ocasionar desorden, volver a refundirse en el tumulto y voltear nuevamente a verla, bella incluso a la distancia, y yo, impostando la voz de hombre maduro de rancho, me marché repitiendo la amenaza del día anterior:

- ¡Pero mañana voy a volver!
Sonrió con incredulidad. Y aun así se vio hermosa.  


III
Era viernes. Un viernes de aquella primavera. De 1997. Nos encontrábamos en el taller de mecánica, cuando repentinamente el profesor Rodríguez - de quien mantendré el apellido en reserva por respeto a su persona - nos sorprendió con una pregunta fantástica:

-¿Y muchachos, ya fueron a las charlas vocacionales?
- ¡No profe, no nos han querido llevar esos recunchesumares!

Respondimos al unísono, como si lo hubiéramos tenido planificado, como ocurrió el día anterior donde guardamos silencio para no levantar sospechas. Era purita suerte la mía. La nuestra.

- Entonces hacemos algo, yo los saco del colegio y los dejo a la vuelta, ya ustedes toman su micro y se van solos porque yo tengo un plan con una hembrita, ¿está bien o no?

- ¡Siiiiiiiiii, buena profe!

Salimos del taller ordenados, procurando pasar desapercibidos, pero a pocos metros de la puerta principal, fuimos alcanzados por uno de los auxiliares que como era de esperarse, traía pésimas noticias:

- ¡Profesor, estos pendejos ya fueron a las charlas!
- ¡Regresen a su salón carajo o van a tener 05 en conducta!
- ¡Ah mire auxiliar, disculpe, me hicieron creer que no habían ido. caminensomierdas!
- Pelao traidor…
- ¿Que han dicho carajo?
- Nada profe, ya vamos…

La decepción y las caras largas eran inevitables, caminamos hacia el taller como quien va al cadalso, masticando la rabia, cada quien por sus motivos, yo, porque pensaba que volver a aparecerme ante ella por tercera vez le sabría a heroico, sería sensacional, de hombre grande, de galán de televisión. Pero todo estaba acabado.

- ¿así que no habían ido no? Pendejos se creen
- No pe profe, es que queremos ir, ¡hay unas flacas más ricas!
- Miren, vamos a hacer algo, mi hembrita me está esperando, sálganse por la pared nomás, yo no voy a decir nada. Ya nos vemos la próxima semana.
- ¡Yeeeeeehhhh, buena pelao!
- ¡Ya lárguense carajo!

Y aquella tarde de primavera de 1997, 30 alumnos del 4to año LL del emblemático colegio San Luis Gonzaga de Ica,  nos escapábamos saltando una pared de 4 metros de altura; unos por vagancia, otros por amor.
Como la suerte después de todo estaba de nuestro lado ese día, en cuanto estuvimos afuera nos encontramos con un microbús vacío de la línea R5, le pedimos al chofer que nos llevara de frente ya que éramos 30 y alcanzaba para llenarlo. Partimos entonces, directo y sin escalas, rumbo a la gloria.

La llegada fue mucho más singular que la de los días previos, ya que varios muchachos que no tenían para pagar el pasaje se bajaron por las ventanas traseras y mientras el cobrador iba corriendo detrás de ellos, los otros pasajeros, ósea nosotros, bajamos también sin pagar, pero por la puerta.

- ¡Si serás huevón cobrador, tú debes ser vecino de Anicama y de Quiroga! – seguro se oyeron en las instalaciones de la empresa de microbuses celestes aquel día.

Entramos a la ciudad por tercer día consecutivo, éramos solo 5 o 6, los demás habían huido como ratas después de la escena del microbús.
Cuando me vio quedó realmente perpleja, pareció incluso asustada, tal vez el asunto ya le parecía obsesivo ¿cómo me las había ingeniado para volver por tercer día a las charlas? de contárselo probablemente no hubiera creído nada, pero ahí estuve, cumpliendo nuevamente mis amenazas y jactándome como no, por mi triunfal regreso.

- ¡Te dije que volvería!
- Si pues
- Es que soy un hombre de palabra, ya sabes.

Ahora no pareció tan entusiasmada como los días anteriores, volvió a hacer su trabajo y ya no se tomó la molestia de preguntarme si estaba seguro donde ir, si antes había entrado a enfermería, todo era posible. Y así ocurrió, esta vez me tocó en suerte la facultad de ingeniería pesquera, de la cual por supuesto aprendí poco o nada, por dedicarme a mirarla cada vez que atravesaba la puerta. Es que incluso haciendo cosas ordinarias, se veía realmente hermosa.
Al término de la charla, salí del aula decidido, era momento de saber algo sobre ella, no tendría más oportunidades; pero había desaparecido repentinamente, la busqué por pasadizos y en otros salones pero no la vi más, ni a ella, ni a sus amigas, así que tras mi infructuoso periplo, debí marcharme resignado, con el abrazo solidario del chino, voltee repetidas veces buscándola, pero ya no estaba. Sin duda había sido hermosa, incluso en forma de espejismo.

18 años después recuerdo este pasaje de mi vida entre risas, luego lo pienso bien y llego a una conclusión:  de todos los huevones de esta historia, el número uno y por largo margen fui yo, ¿cómo es que en 3 días ni siquiera pude averiguar su nombre?


- ¡Jerí, a usted nadie le gana en lo huevón, debe ser familia de Quiroga, de Anicama y del cobrador del micro! -. Se estará escuchando ahora en varias esquinas de esta ciudad. Y no falta razón…

No hay comentarios:

Publicar un comentario