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("Vientre estelar" Foto by: Reuter) |
DIA
UNO:
Sus llamadas me perturban, la última vez que nos vimos, nos despedimos de mala
manera, como siempre ocurre en mi vida, nadie se va de mi lado en paz, siempre
hay un cierre en conflicto, tal vez, porque las despedidas agrestes estallan,
haciendo pedazos puertas y ventanas, dejando así abierta, la posibilidad de
volver a verse. Un cuerpo en redención, puede filtrarse como una brisa en
cualquier momento, y acabar en mi cama. De cualquier manera, no deja de
sorprenderme, parecía decidida a no regresar, además, me comentó que andaba en
amores con otro hombre. Volver a oírla me inquieta, su voz segura es una
invitación a placeres ya vividos, pero que siempre dan la sensación que hay
algo más detrás, que en cualquier momento, un fulgor emergerá de sus entrañas, provocando
sensaciones desconocidas.
DIA
CINCO: Poco
después, la despedida a mano armada ha quedado en el olvido, ambos hemos bajado
la guardia, la sequedad de las voces ha mutado paulatinamente adquiriendo
cierto tono de sensualidad, tal vez por puro interés.
Puede que esta noche, ella decida saltar los
falsos protocolos y tenga el valor de retomar las riendas de nuestras viejas
platicas, tal vez se deje de hipocresías, el volver a llamarme, solo podría
tener un fin. Un presentimiento se desliza por mi garganta. Por ahora no sucede
nada, pero con ella, todo parece cercano
siempre.
DIA NUEVE: Hoy retomamos la comunicación
después de varios días, pensé que se había retractado, pero fue solo un tema de
salud, debió guardar cama y prefirió no llamar en ese estado, ahora está
repuesta, lo noto en su voz provocativa, casi puedo ver un hilo de saliva
asomando por la comisura de sus labios carnosos, su mano izquierda alojada
entre sus piernas, bailoteando los dedos distraídamente, como si el solo
contacto telefónico, la indujera a hacer eso y más, a mí me ocurre igual, yo
mismo me he descubierto, de pronto, tocándome sin querer en cuanto la escucho.
A veces, nos quedamos callados, los temas están casi agotados, hemos repasado
las mismas conversaciones una y otra vez, repitiendo las mismas preguntas y
ensayando las mismas respuestas, mientras pienso en el verdadero motivo de su reaparición,
pero no hay pasos adelante, ni aproximaciones reales, solo la imaginación nos
tiene en celo, yo sigo esperándola, la conozco de la jauría, somos perros de la
misma camada, me está buscando, me quiere, pero no puede decirlo. Tal vez la
próxima vez ocurra.
DIA
TRECE:
Esta tarde hemos hablado nuevamente, me asustó la tranquilidad de su voz,
repentinamente había perdido ese toque lúbrico, tratándome como a un viejo conocido,
no quise hacer preguntas, opté por quedarme con la incertidumbre, podía ser la
hora o el lugar desde donde llamaba, pero esa rara serenidad, había tirado
abajo mis ideas perversas, mi sucio maderamen se había desplomado, dejándome
por un parte, cierta calma, la ansiedad de los últimos días llegaba a su fin,
pues no tenía más que esperar, pero por otro lado, había disfrutado tanto de
los juegos implícitos, que me sentí derrotado.
Continuamos con una larga plática en la que
ninguno puso entusiasmo realmente, hasta que de pronto, una pregunta fuera de
contexto, rompió la monotonía:
- ¿Te gustaría hacerme el amor otra vez?
- ¿Qué?
- No te hagas el tonto, sabes que es lo que
quiero, ¿acaso tu no lo deseas?
- Bueno, sí pero...
- ¿Pero qué?
- No, nada
- Respóndeme, ¿sí o no?
- Pues, sí
- Puedo ir mañana a tu casa, si quieres...
- Está bien
- Entonces estaré ahí, mañana a las nueve
- Perfecto
- No pareces muy animado, ¿ocurre algo?
- No, no, todo está bien, solo estoy
sorprendido
- ¿Tú? Jajaja, no seas cínico, llevas días
esperando esto, si no te lo propuse desde el principio fue porque quería tener
la certeza de que sigues siendo el desgraciado inmoral que se hace el decente y
guarda las formas, ese perro ordinario de los polvos sucios, que en el fondo no
respeta nada
- Bueno yo...
- ¡ Ay ya!, hablas mucho ¿me la vas a meter o
no?
- ¡Claro que sí!
- Entonces nos vemos mañana perrito.
DIA
CATORCE:
A las nueve en punto sonó el timbre, fue fabuloso verla después de tanto tiempo,
estaba más guapa de lo que recordaba. La observé con deleite, le eché una
docena de piropos, hasta que ya adentro, bajo la luz plena del salón, develó
ante mi atónita mirada, un secreto inocultable, mientras en la radio sonaba una
vieja canción que a la letra decía: ¿Pero
cuándo, cómo y dónde?.
De inmediato se puso cómoda, yo la seguí con
la mirada, intentando asimilar el golpe, la impresión estaba dibujada en mi
rostro, ella me miraba sonriendo divertidamente, eso quería, sorprenderme, siempre
me decía que tenía fascinación por mi peculiar expresión de idiotez. Se recostó
en el sofá, que tan bien conocía, se quitó las sandalias y subió los pies a la
mesa de centro, tirando al piso el cenicero de madera, no había cambiado en nada,
seguía siendo la mujer irreverente que encandilaba con sus locuras.
DIA
DIECISEIS:
Jamás imaginé vivir una historia tan bizarra, me costó demasiado encontrarle
gusto, el lado a lado en el sofá fue sencillo, el roce de las manos también,
incluso ese primer beso, pero cuando se apostó de rodillas realmente me quedé
paralizado, aunque su voluntad para el fellatio me despertó un poco el deseo, cerré
los ojos y procuré imaginar otro escenario.
Volvió a ponerse de pie, apagó la lámpara, se
quitó de un tirón la blusa y el sujetador dejando al alcance de mi boca sus senos
hinchados. Me invitó a devorarlos, pero no pude siquiera acercarme a ellos. Mi
negativa no mermó su ánimo candente, sabía perfectamente la razón de mi estado,
así que con una maniobra sencilla, fue ella quien puso su enormidad en mi boca,
alternadamente, cogiéndome de las greñas con cierta violencia, dejando en
evidencia que de no cooperar, utilizaría sin miramientos cualquier recurso.
Estaba sometido.
Era la primera vez que me veía dominado ante
tal situación, siempre había llevado el control, pero ahora era solo un muñeco
de madera sin reacción ni poder. Me desnudó completamente y continuó con decisión,
esbozando una sonrisa endiablada de rato en rato y gimiendo cuando llegábamos a
puntos álgidos, me tiró al piso ayudándose con los pies, se quitó el pantalón y
sin más preámbulos, se sentó sobre mi boca, volviendo a tomarme el cabello de mala
manera, dirigiendo mi cabeza a su antojo. El sabor de su sexo me sacó del
letargo, y empecé a conectarme con el juego, eso sí, con los ojos apretados, evitaba
mirarla, sin embargo, poco después, ante su cimbreo incesante, fue inevitable
ceder. Al abrir los ojos, me di cara a cara con su redondeado abdomen, acaso
había temido espantarme con esa imagen, pero ahí, en la penumbra, con esa tenue
luz de la calle, que se filtraba por la cortina entreabierta, el increíble espectáculo
asemejaba una luna llena, liberé sus senos y acaricié su vientre con ternura
pero también con deseo. Desde esa perspectiva, la vista era hermosa, su
circunferencia perfecta, como un planeta en miniatura, con un río vertical que
subía desde su pubis hasta desembocar en el mar de su ombligo. Entonces, aquel
destello mágico, abrió todos mis sentidos, me puse de pie, la llevé a la habitación y la recosté delicadamente.
A pesar de su estado, su destreza en la cama
estaba intacta, tenía predilección por cabalgarme, aunque el peso doblegaba sus
ganas. Debimos inventar sobre la marcha, posiciones innocuas, uno de los dos,
debía siempre sostener esa pelota inconmensurable llena de vida, riendo de
cuando en vez, como si se tratara de una travesura de niños, pero sobre todo,
extasiados por esa sensación indescriptible de pecar a tal escala.
Esa noche el placer se prolongó horas
interminables, investidos de toda la paciencia del mundo, fuimos lentamente, pero con el estandarte del deseo siempre en
alto, ya no era posible verla como la veía antes, me parecía una especie de
diosa de la lujuria, me remitía a una leyenda fantástica, hasta que volver a
sentir su preñes rozando mi cuerpo, reavivaba la realidad. Ella se sintió la Mata Hari que siempre había querido ser
y yo, el amante más inescrupuloso del siglo.
ULTIMO
DIA:
Hoy la encontré en el supermercado, nos hemos vuelto a ver después de mucho
tiempo, me presentó al hombre con el que ahora está casada y a su pequeña
Micaela que ya tiene varios meses, jamás miré a la bebé por remordimiento y me
despedí rápidamente con un nerviosismo inocultable, mi inmoralidad que era a
prueba de todo, se vio tocada por primera vez, pero la de ella, terminó de hacerse
polvo, cuando me confesó, que yo había sido, su primer antojo de embarazo.
lo mx, gracias.
ResponderEliminarBonito relato, tu pluma versatil nos lleva a relatos exquisitos, sigue adelante Helmut jeri..un abrazo
ResponderEliminarGracias, abrazos...
EliminarMuy buena Helmut...un abrazo
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